Ad nauseam

SISIFO
Para entender lo que ocurre en España en los últimos tiempos quizá convendría repasar el discurso de los existencialistas. Parece que los políticos quieren condenar a los electores españoles, al igual que los dioses griegos a Sísifo, a votar una y otra vez hasta la saciedad. Como le ocurría al protagonista ciego del mito heleno, que empujaba montaña arriba una roca gigante hasta la cima para luego dejarla caer rodando por la otra ladera, donde debía recogerla y de nuevo empujarla hasta la cumbre “ad infinitum”, los dos grandes partidos del Estado, PP y PSOE, pretenden que los votantes vuelvan una y otra vez a las urnas hasta el hartazgo. No puede haber peor perversión de la democracia que esa, ya que la banaliza a partir de la repetición, y provoca la náusea. Quieren convertir el voto en un acto absurdo, vacío de significado, incluso “equivocado”. Exactamente lo mismo que Sartre o Camus pensaban respecto de la existencia humana. Del “hombre absurdo” a la “democracia absurda”, perpetuamente consciente de su inutilidad.

Ya en el siglo I a. C. el poeta Lucrecio (“De rerum natura”) interpretó el mito de Sísifo comparándolo a los políticos que aspiran a obtener un cargo, a la búsqueda del poder como una “cosa vacía”, algo parecido a empujar el peñasco hasta arriba del cerro.

Pero los existencialistas modernos concluían que el absurdo no podía ser nunca aceptado. Hacerlo implicaría aceptar también todo lo que el mundo irracional tiene para ofrecernos. Hay que enfrentarse, rebelarse constantemente contra lo absurdo, para vivir en libertad. El hombre rebelde es el hombre libre. La rabia, la náusea, tienen que canalizarse en positivo para cambiar el sistema, para que “ellos” entiendan que estamos cansados de que nos engañen, de que hayan perdido el contacto con lo real, de que piensen exclusivamente en sus intereses partidistas, en su supervivencia, en perpetuarse en el poder. Que entiendan que no queremos mentirosos recolocados en puestos tan generosamente retribuidos, que no queremos líderes que sólo reaccionan cuando les enfoca una cámara, o los que hoy dicen “A” y mañana “B” y pasado mañana de nuevo “A” por un falso concepto de “responsabilidad política”, o los que repiten siempre “NO” sin presentar alternativas.

No somos un mundo que se extingue para volver a crearse, como en el “eterno retorno” que narraba Mircea Eliade. No queremos arder hasta consumirnos para renacer de nuevo con los mismos defectos. No creemos en la recurrencia, sino en la renovación. Queremos cambiar algunas cosas para que todo sea diferente. No queremos vivir esta misma película con los mismos argumentos “ad nauseam”.

José Manuel Silva
Abogado y periodista

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