Huele a rebelión

Manifestaciones+15M

“El que se deja llevar de la cólera en ocasiones dadas contra los que lo merezcan, haciéndolo además de la manera, en el momento, y durante todo el tiempo que convenga, debe merecer nuestra aprobación. (…) Por lo menos es perfectamente claro que merece estima esta cualidad, este justo medio, que hace que nos irritemos contra quien debemos irritarnos, por una causa que sea justa y en una forma conveniente. (…) En cuanto al exceso y al defecto, son siempre dignos de censura; de una censura moderada, cuando se alejan poco del justo medio; más viva, cuando se alejan más; y violenta, cuando se separan mucho. Es, pues, evidente que a la disposición media es a la que debemos aspirar con preferencia.”

Aristóteles
“Moral a Nicómaco”

Hace tiempo que huele a rebelión en la calle. Desde el 15-M, desde la explosión de la crisis, desde el timo de las preferentes, desde que se destapó el pastel de Urdangarin, y Bárcenas, y los ERE’s, y la confesión de Jordi Pujol o el caso Palau, o incluso desde mucho antes…

Hay pequeños signos que delatan ese olor. Los peatones hace tiempo que cruzan la calle aunque vengan coches, aunque esté rojo, “ya se pararán…” ¿no lo habíais notado? Fijaos bien. Es la rebelión del débil contra el poderoso. “Tú vas en coche pero te vas a parar”, ¿a que sí? O la agresividad que late en las redes sociales, especialmente en Twitter, aunque sea bajo el anonimato. Es la misma rebelión que hizo subir el sufflé de Podemos hasta que la casta los integró en el sistema y ahora las encuestas sólo los sitúan los cuartos en intención de voto. De ahí que los de la CUP en Catalunya no quieran pactar para investir a Artur Mas, porque eso los convertiría también en parte del sistema y los alejaría de la rebelión. Porque es cierto que huele a rebelión pero muchos ciudadanos no saben cómo expresar su sentimiento de rabia. Por eso hay tanta gente que vota independencia en Catalunya aunque sepan, y confiesen en privado, que Catalunya nunca será independiente “contra” el Estado (ni por supuesto con el Estado “a favor”).  Y otros están convencidos, por supuesto, de que es la solución a todos sus problemas, aunque si algún día lo consiguen seguirán “rebelándose”. Por eso llaman a la desobediencia civil y se quedan tan anchos. Hay ganas de rebeldía, de decir que NO, de “contestar” y protestar.

Como después de la lluvia, la calle huele a rebelión insatisfecha, una rebelión que no encuentra salida, que produce frustración. Hoy he leído que el 1% (sí, sí, el 1%) de la población mundial ya controla el 99% de los recursos económicos. Es una locura, no hay por dónde cogerlo. Pero explotará por algún lado, sin duda. Aunque en las elecciones sigan ganando los de siempre y apenas cambie nada. Algo está hirviendo a fuego lento desde hace mucho, mucho tiempo, y algún día, quizá no lejano, acabará por explotar.

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