Todo cambiará, ¿o no?

 

Non cambierà, non cambierà
Sì che cambierà, vedrai che cambierà
Si può sperare che il mondo torni a quote più normali
Che possa contemplare il cielo e i fiori
Che non si parli più di dittature
Se avremo ancora un po’ da vivere
La primavera intanto tarda ad arrivare

(Franco Battiato)

He bajado al contenedor a tirar la basura convenientemente clasificada y a la farmacia más cercana. Tengo que atravesar un parque enorme para llegar hasta allí. La primavera ha llegado mientras estábamos confinados. La tarde es soleada, la temperatura muy agradable. Vuelve a haber niños en el parque. Con sus padres, o con sus madres, o con los dos al mismo tiempo, ¿qué más da si ya están juntos en casa? Y perros sin collar, que corretean libres por la hierba y saludan a los viandantes. La mayoría se apartan cuando se acercan. Pobres animales. No entienden lo que ocurre. Por qué si antes tanta gente les saludaba, ahora huyen de ellos como si estuvieran apestados. Encuentro a una amiga con su mascota, una caniche blanca que se vuelve loca cuando la acaricio. No voy a dejar de hacerlo. Me encantan los perros, he tenido varios a lo largo de mi vida, pero ahora no. Tal vez más adelante, cuando pueda dedicarle más tiempo, aunque estos días envidio a los que tienen. Acompaño a mi amiga durante un rato en nuestro trayecto común, ella de paseo, yo hacia la farmacia. Y pienso, y le confieso a ella que, una vez ha pasado lo peor, y superado el miedo de haber tenido gente muy cercana contagiada y unos cuantos conocidos de mayor edad que se han quedado por el camino, no estoy seguro de que todo cambie. Por supuesto que las consecuencias económicas serán desastrosas, y para los fallecidos ya no hay remedio, ni consuelo para sus familiares que ni siquiera pudieron despedirse de ellos con un adiós, quizá con un “hasta pronto”. Me refiero a nuestra actitud personal, a nuestro comportamiento hacia los demás. nuestra forma de expresar nuestras emociones. Nuestra forma de comunicarnos, en definitiva. No, eso no cambiará. Los que ya eran distantes lo seguirán siendo. Pero los que necesitamos manifestar nuestro afecto con besos, abrazos, contacto físico, cercanía, ¿de verdad cambiaremos? No lo creo. Asumiremos el riesgo. Con cierto reparo y prudencia al principio. Pero con el tiempo volveremos a ser como antes. El gobierno, ningún gobierno, no puede regular nuestra privacidad. Es una batalla perdida. Pueden confinarnos, desde luego. Una y mil veces. Y la mayoría hemos cumplido asombrosamente con las normas que nos han impuesto. Aunque algunas no las entendiéramos, aunque algunas fueran absurdas. Pero no pueden robarnos los abrazos para siempre, en todo caso durante un tiempo. No pueden regular cuándo y a quién podemos besar. No pueden controlarlo todo. Porque hay muchas cosas que no dependen de ellos. Ni tan siquiera de nosotros. La mayoría de las cosas que nos ocurren se nos escapan de las manos. Nuestro margen de libertad ya es limitado. No nos lo limiten más. Esa es la gran lección de esta pandemia. ¿Todo cambiará? No, no todo cambiará.


José-Manuel Silva Alcalde

Abogado y periodista

Profesor de Periodismo UAB/UAO

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